“¿Qué habría pasado si nunca hubiera pasado lo que pasó?”
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This small Mod changes a few things regarding the Brith Certificate which got added with Get to Work:
¡Oye!
Supongo que algunos estarían confundidos, así que, dejad que me expliqué primero.
No lo estéis, confundidos digo. Soy la mítica persona que nunca está segura de nada, por ello, cuando subi el primer capítulo o el prólogo, el viernes, me di cuenta de algo. Que no estaba contenta con el resultado. Que me había precipitado, así que le he dado vueltas, una vez y otra vez, para intentar descubrir el motivo y me esforcé, seriamente, por rehacerlo. Y me gusta el resultado.
Es lo que estaba buscando.
Sé perfectamente que soy exigente y que nunca me conformo con mis historias y mis “logros”, que siempre puedo mejorar, soy ambiciosa en ese aspecto, así que, cuando me siento bien con algo, como es el caso ahora, estoy seguro de que puedo empezar con buen pie con esta historia. Por eso la borré de tumblr y la he sustituido el día de hoy.
Y ahora, las explicaciones.
No he decidido el título aún, lo tomaré con calma. Asi que, si a alguien, con el desarollo de la historia, quiere aportar ideas bienvenid@ sea.
Esta historia se trata sobre un universo, similar al actual corazón de melón en la universidad, pero con mis elementos de fantasía, por lo tanto, es posible y probable que contenga spoilers, pequeños, pero spoilers al fin y al cabo. Será un triángulo amoroso entre Nathaniel, Castiel y Sucrette. Y también quiero destacar algo importante, es una historia algo interactiva, sí, por lo tanto, podremos decidir ciertas cosas que sucederán, por ejemplo, con quien se quedará al final, que hará sucrette, diálogos importantes…
Dependiendo de cuantos reblogs y notes tenga, la subiré, o no, aquí. También esperaré sabre vuestras opiniones y comentarios ansiosa, ya que eso siempre me motiva a seguir subiendo más y esforzarme.
Recordad también sigo aceptando peticiones de fanfics de corazón de melón y eldarya. Asi que, no os corteis y pedid. Como un aparte de la historia que necesito decir antes de que se me olvide.
También decidiré, con el tiempo, una fecha de subida fija, escucharé sugerencias de lectoras y recomendaciones, quiero decir, para saber que día preferís que suba capítulo y me ajustaré a ese horario.
Y, por último, habrá presencia de personajes originales míos. No admito copias y adaptaciones sin permiso, me enteraré si alguien roba esta historia y me aseguraré de tirarla abajo, también quiero aclarar que tendrá contenido sensible, por lo tanto, lees bajo tu propia responsabilidad.
Dicho todo esto, dejo de alargarme. Disfrutad de la lectura y dejad notes y reblogs.
рʀᴏɩᴏɡᴏ
Castiel
En el suelo de la habitación, con los papeles por el suelo, con el desorden rodeándonos, la atrapé entre mis piernas sin ser consciente, quedando en el absoluto silencio.
Entre mis brazos, con aquellas mejillas ruborizadas a juego con mi pelo, sus labios entreabiertos, expectante entre mi cuerpo, a centímetros, sentía el calor que emanaba de ella, sentía su aroma. Entonces lo recordé, recorde el sabor de sus labios, sus caricias, su amor. La recorde a ella, feliz y preciosa.
Y sin poder evitarlo, lleve mis manos, despacio, con una suavidad tremenda, deslizándolas por su cabello anaranjado, que caía en cascada por su espalda, sedoso y con olor a frutas, fino y delicado. Quería tocarla.
Ella alzó su mirada, nuestros ojos conectaron y se sintió como si nada hubiese cambiado, como si nunca nos hubiésemos dejado, como cuando éramos nuestros.
Sus orbes, del color de la miel, dulces y cariñosos que siempre habían estado conmigo, me miraron como antes, haciéndome sentir que, mi corazón, escaparía de mí.
- Castiel…-
Sus labios se entreabrieron.
Apetitosa.
Su voz suave, que reconocería entre la de un millón de personas, atravesó por mis tímpanos, provocando un cosquilleo en mí. Electrizante al entrar en contacto con mi oído, maravillosa, sexy sin darse cuenta, deseable y mi debilidad, me tentó más de lo que nada me había engatusado.
Mi único deseo desde hacía cuatro años estaba a milimetros de, posiblemente, realizarse.
- Sucrette…
Ella alzó su mentón, en busca de mí.
Me miró como lo hacía antes, me miró con el mismo anhelo que siempre tenía cuando estábamos a solas, en mi habitación, en la suya. Y lo notaba, me deseaba tanto como yo lo estaba haciendo con ella. Como yo la había deseado siempre. Desde hacía cuatro años, desde que la conocí, en el patio del Sweet Amoris.
Hipnotizado por su aroma, me incliné lentamente, sin apartar mi mirada de ella. La vi entrecerrar sus ojos, y contuve el aliento en una respiración fuerte al ver aquella imagen tan deleitosa.
La anhelaba, y me consumía ese deseo de ella. Mis manos temblaron, paseando y enredándose en su cabello.
El tiempo se había detenido en aquella habitación.
Alzó la cabeza para mí, en busca de nuestra comodidad, dando más acceso al movimiento de mis manos que se deslizaron hacia su nuca.
- …
Quise preguntar, quise pedir su permiso, pero ni siquiera tuve un momento.
Me besó.
Ella me besó.
Tomó las riendas y saltó encima de mí.
Sus labios se abrieron paso en los míos y sus manos se agarraron a mi chaqueta, cogiéndome con fuerza, empujándome hacia atrás, provocando que la soltase para sujetar de mí mismo, apartándolas de su cabello.
Entra la pasión, tomó un impulso, más frenético de contacto, sentándose sobre mis piernas, yendo aun más lejos, empujando su lengua dentro de mi boca. Más rítmico y más sexy.
Me hacía estremecer.
Incapaz de apartar mis manos sobre ella, me apoyé con una y coloqué la otra en su cintura. Se meneó encima de mí, para pegarse más, no había palmo entre nosotros.
Cortó el beso y me miró, otra vez.
- Sucrette…
Ella no dijo nada.
Con sus labios hinchados, permaneció encima de mis piernas, enredada en mi cuerpo como muchas veces lo había estado. Aún en silencio, en aquel cuarto, solos, como en el pasado. Y bajó la vista, cortando el contacto visual que deseaba.
La aprisione más fuerte con mi mano, para mantener este momento, eterno, e intenté volver a ella, volver a mi deseo, pero apartó su rostro de mi cara. Su aparente rechazo me dejó patidifuso, pero no sabía que podía hacer al respecto. Así que me quedé sujetándola, con la mirada firme, esperando que me mirase, que levantase la vista y volviese a besarme, pero a cambio solo me habló.
- Castiel… yo…
Tragó la saliva pesadamente y sentí como aquel anhelo se desvanecía.
Su rostro se levantó para mirarme, nuestros ojos volvieron a unirse, quise llevar mi mano a su rostro, acariciar su piel aterciopelada y perderme en nuestro contacto tan íntimo, consumirnos ambos por el deseo y terminar una vez más envueltos entre nuestros besos, pero no tuve ni tiempo.
Sus ojos, fueron detrás de mí, cambiaron, rompiendo en arrepentimiento y supe, una vez más, que esto no terminaría bien.
- Nathaniel…
Ese nombre saliendo de sus labios me hizo fruncir el ceño.
Vi nuestro momento romperse y giré mi cabeza para ver detrás de mí, el idiota de Nathaniel estaba en los dormitorios de las chicas, en la habitación de Sucrette, con los brazos cruzados, el ceño fruncido y sus puños apretados. Amenazante, enfadado y lo entendía, yo sentía lo mismo. Nathaniel odiaba en ese momento, pero no tanto como yo a él.
Sucrette abandonó mi regazo, no la miré, pero si sentí como el frío me invadía ahora que no tenía el calor de su cuerpo, el rubio negó con su cabeza y retrocedió.
- Nathaniel… yo…
- Olvídalo.
- N-no, espera…
Nathaniel nos dio la espalda y se marchó, con aquel odio que emanaba desde hacía cuatro años, desde que Sucrette nos dejó.
Observe la escena desde mi posición, Sucrette le miró, suplicante, aunque él no tenía la vista en ella. Desesperada y en medio de la habitación, de sus, hinchados, labios escuché un lastimoso gemido que se escapaba tortuosamente, y dolió como el infierno.
Ella se fue detrás de él.
Dejándome en el suelo aún.
Recordé cada segundo desde su llegada aquí, después de estos cuatro años. También recordé el tiempo que no estuvo cuando aún seguíamos juntos. Nuestra relación a distancia doliendo, el no poder besarla, tampoco poder tocarla, aunque estaban las llamadas con cámara, sentía que había una enorme distancia entre ambos. Lo recordaba perfectamente
Mis reminiscencias nunca me dejarían.
La vi dos veces en un año, dos veces que no me llegaban para recargarme el tiempo sin ella, y luego, discutir. Cada segundo, cada minuto que hablábamos eran gritos y llantos, sollozos internos que desgarraban. Era como veneno.
Pero la deseaba y la amaba.
Recordé cuando Sucrette intentaba dejarme, para hacernos un favor, y también recordé el miedo, el dolor, la angustia, como evité ese momento mil veces y como ese momento llegó a mí más fuerte y más doloroso. Y recuerdo mi llamada, como si fuera ayer.
Como, borracho, fui lo más sincero que pude.
“Nena, podemos arreglarlo, haré lo que quieras, cambiaré, me mudaré, lo arreglaré, pero no me dejes, no puedo sin ti, haré lo que quieras, pero no me dejes, eres lo mejor que tengo, te quiero.”
Recuerdo que ella estaba dormida, fue a las cinco de la mañana, así que su voz, estaba ronca, pero seguía siendo la mejor melodía para mis oídos. Ella preguntaba si estaba borracho. Y yo seguía divagando.
“¡Qué más da! ¡Es probable que sí, pero no lo cambiaría! Te quiero y necesito que lo intentemos, lo necesito”.
La quería al completo, para mí.
Pero, inevitablemente, no pudo ser.
Mi yo, borracho, continuó balbuceando, ella terminó por dormirse repitiéndome que me quería y que era lo mejor para ambos, que siempre me querría. Yo, aún tirado en mi cama, cuando Demonio aún estaba a mi lado, arrastrando las palabras hasta dormirme, continué diciéndole que la amaba y que se quedase a mi lado, hasta que mi teléfono se apagó, hasta que nos dormimos sin discutir, por primera vez en todo un año.
Recordé su llamada, nuestra última llamada, al día siguiente, ella me llamó a mí.
Y por último, en esa habitación del campus, en su habitación, recordé mis últimas palabras.
“Si es que, tienes razón, Su, tienes razón, somos como el veneno, él uno para el otro, aunque nos queremos, nos destrozaremos. Lo mejor siempre ha sido eso, es hora de dejarlo marchar.”
Recordé las canciones que escribí sobre ella, el rencor que me consumió al sentirme abandonado, recordé cada segundo hasta este momento, el tiempo que, después de cuatro años, habíamos pasado juntos.
Me levanté de aquel suelo.
No debía dudar.
Corrí detrás de ellos, cerrando la puerta de aquel cuarto donde ella me besó. Donde tantas veces fui a buscarla sin atreverme, corrí porque ella lo merecía y no me importaba que Nathaniel, una vez más, interfiriese en nuestro camino.
Mis pasos me condujeron al patio del campus. Corrí como nunca había corrido antes, hasta abandonarme en las imágenes que mis ojos captaron.
Sucrette y Nathaniel a centímetros, alterados y discutiendo, hasta que sus ojos se posaron en los míos, desafiantes. Y lo hizo ante mis ojos.
La besó.
Nathaniel me desafió, sin siquiera pestañear, la besó sujetándola contra su cuerpo y con una dulzura diferente a la del beso que antes había compartido con ella.
Y lo supe.
Supe en ese momento que no pensaba rendirme y que la quería de vuelta. Que esto no iba a quedar aquí.
Supe, que merecía la pena.
Tumblr law: Always reblog the queen.
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